Cambalache 3,14 - La vidriera irrespetuosa


Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé.

2019-10-19

Todas las ausencias son temporales


has de saber
que un día
me iré como tú
o quién sabe
olvidaré que te has ido
u olvidaré que existías
te olvidaré como madre
- la cabeza agujereada por la proteína Tau -
ha conseguido ser féliz
olvidando que ya no estás.

Pero
mientras tanto
te sigo echando de menos.

2019-10-21 13:24 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

Otoño (1976)

Manzanita


como dos golondrinas cansadas en mis hombros se posaron tus manos entonces creí por un momento que la música jamás acabaría pero estaba equivocado hizo frío y tus manos algo desengañadas casi llorosas emigraron

me quedé sin ti sólo marchito inútil casi te necesitaba ansiosamente creí por un momento estar dispuesto a como caballero antiguo morir si tú me lo pedías pero era otoño y no estabas

hubo más manos que yo imbécil engreído ególatra pensativo apartaba entonces creí olvidarte como las hojas que caían pero estaba equivocado significas mucho

decidí escribir de noche cuando no molestan niños coches motos cobradores chachas carteros entonces creí lograr breves obras de artes pero era otoño y sólo eran mentiras marchitas

pensé guardar bien dentro de mí mis recuerdos tuyos de horas a veces felices a veces amargas nunca completas entonces me creí tu dueño pero era otoño y no estabas

te llamé ni viento ni hojas ni noche ni hojas ni poesía ni flores respondieron entonces creí volverme loco pero estaba equivocado hizo frío dos golondrinas pasaron volando ante la ventana





La imagen es The life cycle of a leaf, de Rob Herr

2019-10-15 13:04 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

Estocástica

También hay un modelo que refleja el comportamiento de los incendios. Imagínese un bosque que tiene cien árboles por hectárea, distribuidos aleatoriamente. Si el fuego en este bosque empieza en algún lado se va a propagar. Sin embargo, si en lugar de tener cien árboles por hectárea tengo noventa y el fuego empieza en algún lado, va a quedar confinado en una región y el bosque se va a salvar. Lo curioso es que hay un valor exacto, que es 95 por hectárea, de tal modo que si hay 94, fuego confinado, si hay 96 por hectárea, el bosque se quema. Este es fenómeno es muy estudiado en física y también en probabilidades y se llama transición de fase. Un pequeño cambio cuantitativo del parámetro densidad produce un brutal cambio cualitativo del comportamiento global.
Interesante (antigua) entrevista a Pablo Ferrari matemático argentino especialista en teoría de partículas radicado en Brasil, donde explica algunas curiosas aplicaciones de la matemática probabilística en lenguaje llano.

2019-09-19 17:42 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

11-S Ni Cataluña, ni Nueva York...

...en esta fecha. Como todos los años, desde hace 46, recito la máxima Fremen: Nunca perdonar, nunca olvidar.
11-S (1973): Vive mil años

Te odio. No debería decir esto, ni debería contárselo a nadie, pero es verdad. Te odio. Como nunca he odiado a nadie. Ni a las mujeres que me han hecho daño sentimental (y han sido muchas, porque quiero mucho a las mujeres) ni a los hombres que me han estafado (y han sido muchos, hasta que perdí la fe en la humanidad).

Nadie me ha hecho lo que tú me hiciste. Y no tengo derecho a decírtelo, porque hay gente, personas, humanos, que tienes muchos más motivos para odiarte que yo. Personas a las que arrebataste la vida, la familia, el trabajo, el país. Gente a la que torturaste, fusilaste, metiste ratas por la vagina, obligaste a traicionar a sus compañeros, a sus familiares, a sus seres queridos. Me es muy difícil así decirte esto es una cosa entre tú y yo porque, comparado con tus compatriotas, lo que me hiciste a mí es ridículo. Pero cada uno vive alrededor de su mundo y a mí me destrozaste la juventud, fíjate qué tontería, en lugar de dejar que lo hiciera la Paqui o María del Mar o cualquiera otra que me rompiera el corazón, que es lo que tiene que ocurrir a los trece años.

Porque yo tenía 13 años recién cumplidos y creía en la vía democrática hacia el socialismo. Hoy en día eso parece increíble, pero Franco estaba a punto de morirse y España era muy diferente a cómo es ahora. Yo, fíjate, pobre ingenuo casi niño, creía en la leche para todos los niños de Chile y en que tenemos que ser nosotros. Creía en la solidaridad y en el amor que aún no conocía. En que en España también podríamos tener una democracia que sirviera para construir la justicia.

Tenía 13 años y aún no me había besado ninguna chica. Vivía en un país gris, donde llevar el pelo largo era motivo suficiente para que homófobos policías homosexuales  te vacilaran. Dónde había una ley de peligrosidad social en la que bastaba tu pinta para encarcelarte. Y pensaba que podía cambiarlo, que mi país era mío y me pertenecía el derecho de decidir en paz y en libertad sobre él. Tú me convenciste de que no. De que siempre estarías ahí, con el fusil y el tanque, esperando.

No te lo perdono, Pinocho. Creíamos (ya no hablo solo de mí) que el pueblo unido jamás sería vencido y tú nos convenciste de que el pueblo, si no estaba armado sería aplastado. Nutriste las filas del FRAP y del GRAPO con mis amigos idealistas que no estaban dispuestos a que en España pasara lo mismo que en Chile y cayeron en el tablero de ajedrez que todos los servicios secretos del mundo habían tejido para este país. Algunos siguen entrando y saliendo de la cárcel. Incluso algunos que no estuvieron en esos grupos. Efectos colaterales, supongo. Yo aún he salido bien de esta historia, ellos -también- tendrán más motivos para odiarte que yo.

Y tú lo reventaste todo. Bueno, tú no. Fíjate que paradoja, después, cuando fui más o menos adulto, uno de mis primeros trabajos fue para tus jefes. Y cuando me preguntaron si era un problema para mí trabajar para ellos, yo ya estaba vendido y acobardado y me había cortado el pelo y les dije que no, ningún problema. Tampoco te perdono eso, aunque fuera culpa mía.

Cómo fue culpa mía dejar la lucha decepcionado. No me habías dejado muchas opciones: la lucha armada o el desengaño. No sé si escogí bien. Fue más fácil así, claro. Un curso pagado de programación con los malos  usando el ordenador más grande de España (no sólo el dinero compra). Después un trabajo de funcionario en un instituto de secundaria nocturno, después la Universidad. Investigar en Matemática, algo aséptico,  que no te metía en líos. Y presumir de anarcopijo delante de las cervezas en las tascas. Me siento un miserable. Soy un miserable.

Quizás. No, quizás, no. Seguro, Es culpa mía. Pero cada vez que llega un once de septiembre, no me acuerdo de la fiesta nacional catalana ni de las torres gemelas cayendo en el downtown de Manhattan. Me acuerdo de ti, cabrón miserable, hijo de puta, arruinailusiones. Y tampoco te perdono eso, porque querría olvidarte. Que nunca hubieras existido.

Pero eso no puede ser. Así que no, no te perdono. Ya que existes, sólo me queda desearte una larga vida. Entre rejas, claro. Vive mil años. Que los fantasmas te atormenten. Te odio, Pinocho, Pinochet, generalito, jódete.
No vivió mil años. Y además, ya no tengo al Profe para comentarme la historia.

2019-09-11 17:55 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

Testamento (Juan Carlos Aragón)

A mi muerte,
que nadie toque mis cosas,
que se queden como están para cuando vuelva,
como yo las he dejado:

El vino fuera de la nevera,
la cejilla en el último traste,
el teléfono sonando,
el calentador encendido,
el niño en el colegio,
las cartas sin abrir,
el despertador a las siete,
las cuentas a cero,
las persianas hasta arriba.

Si me matan sin dolor
quiero el número del asesino,
que alguien me grabe el entierro;
cómprame el tabaco y el diario,
no me esperes despierta,
déjame atún por si vuelvo en los huesos,
y este verso no lo guardes,
que le quiero cambiar el final.

Ah,
y baja la basura.

2019-05-19 16:50 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

Hasta siempre, Capitán



La muerte es una playa con cara de pena,
desnuda bajo el cielo bailando encendida.
La muerte es una lluvia que cae hacia arriba
y con su pelo largo y su espalda morena,
llevamos esperándola toda la vida.

La muerte es la mejor despedida del hombre.
No reconoce géneros, patrias ni edades.
Cuando estás como vivo se espera y se esconde
y pasa con nosotros cien mil navidades.

La muerte vive en la calle de al lado,
a la derecha del bar.
Es familia de la sangre roja, dolor y esqueleto.
La muerte compra en el supermercado
vino y rosas para merendar.
Yo, desnudo, siempre la saludo y le guardo un respeto.

La muerte un día se metió en mi cama
y con su espalda morena y su cara de pena
me puso la mano en mi lado más sano y le dije que sí,
pero como una fulana se fue de mi cama y me dijo:
“cabrón, tu todavía no, te ha tocado vivir”.

Su risa era como el viento de levante
tan divina y tan humana que era igual que una obra de arte.
Y como pude yo le susurré al oído:
“si algun día tú te aburres pues ya sabes donde vivo”.

Y al final como si fuera una dama decente
me puso el pan caliente pa desayunar,
nunca olvidaré la suerte de cuando la muerte
me vino a encontrar.

Con la brocha en la pared me pintó: “centinela,
que cuando te toque a tí yo te vengo a buscar,
y te voy a llevar al ladito de los míos,
tu amigo, tu tío, tu hermano y tu abuela”.

2019-05-17 19:15 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

☆☆ Grandola, vila morena, terra do fraternidade



Un día pensamos que con un clavel podíamos tapar la boca de los fusiles.

Hoy ellos no necesitan fusiles y nosotros no tenemos claveles.

2019-04-25 11:01 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

Cuatro monstruos

Se me pasó el día del libro, pero os recomiendo un cuento que me ha gustado mucho: Retratos de cuatro mostruos. Muy apropiado para los debates electorales que acabamos de sufrir. La cuenta de twitter del autor @subetealanutria también merece la pena.

2019-04-24 14:29 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

Mi puerta sigue sonando de madrugada

Te has ido sin avisar, aunque ya sabíamos que te ibas. Pero siempre nos quedaba la esperanza de que esa batalla que tanto luchaste la pudieras ganar al final. Te has ido y se nos ha quedado la cara de tonto que se nos queda siempre a la hora de despedir a alguien que no queremos despedir. Te has ido y tus amigos (nuestros amigos) no me han avisado, quizás acogotados por la tristeza o ahogados por el llanto o simplemente con el despiste que siempre nos caracterizó a ti y a mí. 

Hemos estado años sin vernos y ahora te echo de menos más que antes.

Mi puerta sigue sonando de madrugada y estás en el fondo de cada caña de manzanilla.  Te has ido y no tengo palabras. Ni siquiera tengo lágrimas. 

2019-04-15 13:22 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

Callejero

Era callejero por derecho propio,
su filosofía de la libertad
fue ganar la suya sin atar a otros
y sobre los otros no pasar jamás.


Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño
que condicionara su razón de ser,
libre como el viento era nuestro perro,
nuestro y de la calle que lo vio nacer.


Era un callejero con el sol a cuestas,
fiel a su destino y a su parecer,
sin tener horario para hacer la siesta
ni rendirle cuentas al amanecer.


Era nuestro perro, y era la ternura
que nos hace falta cada día más,
era una metáfora de la aventura
que en el diccionario no se puede hallar.


Era nuestro perro porque lo que amamos
lo consideramos nuestra propiedad,
era de los niños y del viejo Pablo,
a quien rescataba de su soledad.


Era un callejero y era el personaje
de la puerta abierta en cualquier hogar,
era en nuestro barrio como del paisaje,
el sereno, el cura y todos los demás.


Era el callejero de las cosas bellas
y se fue con ellas cuando se marchó,
se bebió de golpe todas las estrellas,
se quedó dormido y ya no despertó.


Nos dejó el espacio como testamento,
lleno de nostalgia, lleno de emoción,
vaga su recuerdo por los sentimientos
para derramarlos en esta canción.
Autores de la canción: Jose Alberto Garcia Gallo / Alberto Cortez
Letra de Callejero © Colgems-emi Music Inc., Sociedad General De Autores De Espana S G A E

Esta canción formó una parte importante de mi infancia-

2019-04-04 18:02 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

JUAN LÓPEZ Y JOHN WARD

Les tocó en suerte una época extraña.

El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los catógrafos, auspiciaba las guerras.

López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.

El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.

Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.

Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.

El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.

J.L. Borges, 1985

2019-04-03 00:20 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

La paradoja de EL mentiroso

¿Qué pasaría si Pinocho dice: "Me va a crecer la nariz"?
via @shedka

2019-03-25 01:52 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

2019-03-15 00:08 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

10 de Marzo

El año que viene llevaremos el mismo tiempo juntos que separados

2019-03-10 19:59 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

Bailando con osos

¿Cómo? ¿Aún no has leído el Viaje a Laponia de Zifra?:



Va a hacer 28 años de esa aventura... La página es una auténtica muestra de web 1.0 :)

2019-03-09 13:33 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

◇ Los justos (Borges, J.L.)

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire. 
El que agradece que en la tierra haya música. 
El que descubre con placer una etimología. 
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez. 
El ceramista que premedita un color y una forma. 
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada. 
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto. 
El que acaricia a un animal dormido. 
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho. 
El que agradece que en la tierra haya Stevenson. 
El que prefiere que los otros tengan razón. 
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Borges

2019-03-08 02:01 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

Por frases así soy tanguero

¿Cuál es el motivo del veneno
que tu promesa le dio a mi sueño? 


Lo cantaba Tita Merello. Ahí va el contexto:

Andrajos



Letra de ALBERTO L. MARTfNEZ
Musica de ENRIQUE SANTOS DISCEPOLO

Todo duele en la noche de mi soledad,
duele ver que el pasado no vuelve jamás;
qué poco que tengo son estos andrajos,
descubriendo el absurdo de odiar tu maldad.

Refugiada en mi amor,
yo no quiero la ofensa de tu caridad
ni te imploro que vuelvas a ser
suplicio y burla en mi fe.

Cuál es el motivo del veneno
que tu promesa le dio a mi sueño.
Niégame el destino que me obligue
a mendigarte pan de tu amor...

Y que la vida sin piedad castigue
todos los sueños que te quise dar.
Vamos, corazón, que es de otro siglo
llorar por un querer... y su maldad...

2019-03-07 01:16 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

◇◇◇◇ Lo peor de todo (cuento o relato)

Lo peor de todo no es volver a verte todos los días a la hora del aperitivo. Ni siquiera recordar tu cuerpo desnudo, tu tatuaje secreto, esa serpiente que parecía avanzar lentamente hacia tu sexo inflamado por el deseo, tu lencería de seda azul eléctrico acariciando tus pezones erectos, tus gemidos, tus miradas...

No. No es lo peor no poder hablar de esta oculta historia, ni tener que disimular delante de los amigos, ni estar obligado a bromear con tu marido de los resultados del domingo... como si yo no estuviera pensando en ese cuerpo que se supone suyo.

Ni lo es tampoco esa tensión interior que querrá reventar mi verga desde dentro cuando te agaches a recoger el tabaco de la máquina y las nalgas marquen dos superficies perfectamente curvas bajo tu ropa. Ni tampoco es lo peor intentar olvidar a que sabía esa cueva tuya llena de jugos armónicos o cómo intentabas atraer dentro de tu boca todo mi ser en un solo trago.

No. Lo peor de todo es que todo acabó, que parece no haber ocurrido nunca, que se va convirtiendo en recuerdo poco a poco y que quizás dentro de diez años nos riamos recordando que un día fuimos amantes. Y esa risa futura me hiela el alma hoy mismo, mientras te veo sonreír encima de las sábanas, diciéndome dulcemente que esta es la última vez.

2019-03-06 14:03 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

☆ Historias mínimas I

- Dijiste que me querrías siempre.

- Te mentí 

2019-02-27 00:50 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

Oposiciones a profesor de Flamenco en Andalucía

Ocho años y medio más tarde, Isabel Bayón (wikipedia) continúa dando clase de flamenco en un conservatorio de Danza en Madrid. 

 En Andalucía, cuna del Flamenco, perdimos la oportunidad de tenerla como docente en una sospechosa oposición.

Sólo por recordarlo. 

2019-02-26 16:19 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆ Ya nunca juego al ajedrez (23-F)

Tú estabas en Londres abortando el hijo que nunca tuvimos -aquí no se podía abortar legalmente, aunque se hacía en condiciones inhumanas-. No habíamos salido al extranjero. A ti te echaron las monjas del colegio y te mandaron a casa, pero te fuiste al Parque de los Príncipes a fumar porros. Yo estaba perdiendo al ajedrez cuando empezó a sonar la música militar en la radio del bar. A ti, que compartiste mi vida tantos años, aún no te conocía. Tú habías huido de mí y lo viste con la boca abierta y alucinada en una televisión australiana donde nunca daban noticias de España. La gente, silenciosa, acumulaba comida en los supermercados y nosotros no teníamos dinero -fin de mes para estudiantes de principio de los ochenta- ni televisor para ver las noticias. Pasamos la noche en casa de unas vecinas treintonas, pegados a una televisión que recuerdo en blanco y negro, no sé si por Objetivo Birmania, porque así estaba mi alma o porque realmente era en blanco y negro. Pensamos en irnos a Portugal. Buscamos un amigo con coche. Estábamos en las listas. Había listas.

Ahora tu marido -al que entonces aún no conocías- se está muriendo poco a poco. Tú te acabas de separar. Yo me sigo creyendo el mismo, aunque no tengo el pelo largo y casi no tengo pelo ya. A ti te conocí y te perdí, creo que afortunadamente para los dos. De ti no sé casi nada, sólo que estás muy delgada y que vives en Cádiz después de haberte ido tan lejos. Tengo la nevera llena y un cajón con velas, pilas y linternas por si hay una catástrofe. Y un grabador de DVD con disco duro. Voy a Portugal a dirigir tesis doctorales. Tengo un coche. Nunca juego al ajedrez. Mi alma tiene días en blanco y negro, pero ahora esos días los veo con colores sucios.

Ellos pasaron pocos años en las cárceles (se les aplicó el código del 73 que ahora se reinterpreta para otros terroristas). Comían marisco que les llevaban de los mejores restaurantes y tenían celdas individuales amplias y limpias.

A nosotros nos enseñaron que la libertad tiene un límite que nunca nos permitirán traspasar. Hace venticinco años. Yo tenía veinte y me iba a comer el mundo. Ese día me di cuenta que ese bocado era demasiado duro. Que los Hombres Grises nunca me dejarían.
Se ha convertido en tradición. Este texto se publica anualmente en esta bitácora desde el 23-F de 2006.

Algún año hemos fallado. Pero siempre recuerdo a los Hombres Grises. No solo en días como hoy.

2019-02-21 22:21 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

☆☆☆ 22-2, te lo digo pocas veces

y debería decírtelo todos los días. Y todas las veces que te lo dijera, serían pocas. A veces, no encuentro las palabras o no encuentro el momento o me da vergüenza o no estamos acostumbrados o no me estás escuchando o yo que sé. Pero hoy te lo voy a decir: Gracias por estar siempre ahí.
MUCHO MÁS GRAVE (Mario Benedetti)


Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo
y eso en verdad no es nada extraordinario
vos lo sabes tan objetivamente como yo.
Sin embargo hay algo que quisiera aclararte,
cuando digo todas las parcelas,
no me refiero solo a esto de ahora,
a esto de esperarte y aleluya encontrarte,
y carajo perderte,
y volverte a encontrar,
y ojalá nada mas.

No me refiero a que de pronto digas, voy a llorar
y yo con un discreto nudo en la garganta, bueno llora.
Y que un lindo aguacero invisible nos ampare
y quizás por eso salga enseguida el sol.
Ni me refiero a solo a que día tras día,
aumente el stock de nuestras pequeñas y decisivas complicidades,
o que yo pueda creerme que puedo convertir mis reveses en victorias,
o me hagas el tierno regalo de tu más reciente desesperación.

No.
La cosa es muchísimo mas grave.
Cuando digo todas las parcelas
quiero decir que además de ese dulce cataclismo,
también estas reescribiendo mi infancia,
esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes
y los solemnes adultos las celebran,
y vos en cambio sabes que eso no sirve.
Quiero decir que estas rearmando mi adolescencia,
ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos,
y vos sabes en cambio extraer de ese páramo,
mi germen de alegría y regarlo mirándolo.
Quiero decir que estas sacudiendo mi juventud,
ese cántaro que nadie tomó nunca en sus manos,
esa sombra que nadie arrimó a su sombra,
y vos en cambio sabes estremecerla
hasta que empiecen a caer las hojas secas,
y quede la armazón de mi verdad sin proezas.
Quiero decir que estas abrazando mi madurez
esta mezcla de estupor y experiencia,
este extraño confín de angustia y nieve,
esta bujía que ilumina la muerte,
este precipicio de la pobre vida.
Como ves es más grave,
Muchísimo más grave,
Porque con estas o con otras palabras,
quiero decir que no sos tan sólo,
la querida muchacha que sos,
sino también las espléndidas o cautelosas mujeres
que quise o quiero.

Por que gracias a vos he descubierto,
(dirás que ya era hora y con razón),
que el amor es una bahía linda y generosa,
que se ilumina y se oscurece,
según venga la vida,
una bahía donde los barcos llegan y se van,
llegan con pájaros y augurios,
y se van con sirenas y nubarrones.
Una bahía linda y generosa,
Donde los barcos llegan y se van
Pero vos,
Por favor,
No te vayas
Siempre dije que Benedetti lo cuenta mejor que yo. Pero sigo sin envidiarle, él nunca te tuvo a ti.

Un día te lo contaré con mis palabras. No lo haré tan bien, pero serán mías y tuyas. Siempre.

2019-02-21 22:21 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

☆ 22-2 (bis) Te asomaste a mi vida

y ya nunca
dejaste
de estar
en ella


como una enredadera
como un abrazo
como el mar
como el amor
como el sexo
como tú
como si hubiera dios
como si fuéramos dos.

2019-02-21 22:21 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

Extraña máquina , el hombre

¡Qué extraña máquina es el hombre!

Usted le mete pan, vino, pescado y rábanos,
y salen suspiros, risas y sueños
Nikos Kazantzakis

2019-02-21 11:22 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

☆ Olvido

Solo una cosa no hay
y es el olvido
(J. L. Borges)


Despertó sin saber dónde estaba. Antes de abrir los ojos ya notó que no reposaba en su cama. Entreabrió los párpados y casi vio un techo rotundamente blanco. Sin sobresaltarse (viajaba mucho y no era una sensación extraña) intentó recordar. No pudo. Pensó en su nombre: Jaime. Saberlo lo tranquilizó. ¿Qué había hecho la noche anterior? Ni idea. Cumpleaños, lugar de nacimiento: sin problemas. Una humilde ciudad costera, hacía 29 años, 6 meses y 19 días. Se movió despacito e intentó incorporarse.

Oyó la voz de Claudio, su único hermano. “También lo recuerdo”, pensó.

–Mira, parece que ya despierta.

Movió los ojos en la dirección de la voz. Distinguió una sombra casi luminosa con la inconfundible silueta de su hermano menor. ¿Qué hacía Claudio en su dormitorio? O en El Dormitorio, fuera cual fuera.

–No te muevas, Jaime. Espera que llamo a la enfermera.

¿Enfermera? ¿Un hospital? ¿Un accidente? ¿Una operación? Un atisbo de miedo le recorrió los nervios.

–Todo ha salido bien.

¿Qué es lo que ha salido bien? Empezó a preocuparse. Repasó la fórmula de la integral por partes. Era su particular versión de “cuenta hasta diez antes de actuar”. Intento preguntarle a Claudio qué era exactamente lo que había salido bien, pero tenia la boca pastosa y no pudo emitir ningún sonido.

La enfermera llegó. Otra sombra blanca. Menos difusa. La visión iba enfocándose. La notó trastear con los aparatos... ¡Estaba conectado a aparatos! Luego enfocó sus pupilas con una pequeña linterna. El resplandor lo cegó.

–¿Cómo se encuentra?

Intentó hablar de nuevo

–Ag...ua.

–Aún no puede beber. Tendrá que esperar media hora, a que se pase un poco el efecto de la anestesia. El doctor vendrá en unos minutos y hablará con usted –dijo, mientras le pasaba una gasa húmeda por los labios.

¿Anestesia? Una operación, entonces. ¿Enfermedad o accidente? Maldita memoria... Tenía que haber sido algo grave. Hacía años que la mayor parte de las operaciones las realizaban bionanobots que generaban inhibidores neurológicos para impedir el dolor.

Intentó relajarse. No sentía dolor. La vista ya había enfocado y veía a su hermano sonriéndole, con una tranquilidad contagiosa. Repasó sus sentidos: oía perfectamente, podía oler el típico olor de hospital, una mezcla de desinfectantes químicos con un fondo de medicamentos. Movió los dedos de las manos y de los pies. Todos respondieron. No notaba ninguna sensación extraña en el cuerpo, ningún tirón o escozor en la piel. Pensó asustado en los genitales pero por lo que podía notar no había ningún problema. Acercó lentamente la mano derecha a su pene. Estaba en el lugar correcto, fláccido pero con sensaciones.

Miró a su hermano y le sonrió, pidiendo explicaciones con la mirada. Claudio acercó una silla y le cogió la mano.

–Bueno, ya pasó. ¿Ha sido fácil, no?

Vio reflejada en la cara de su hermano su expresión de incredulidad. Antes de que Claudio pudiera hablar, se oyeron unos pasos apresurados y entró un médico en la habitación. Echó un vistazo a las pantallas y se dirigió a su hermano:

–Estará un poco aturdido durante unas horas, pero eso es frecuente en las operaciones de olvido. Todo ha salido perfectamente. Éxito total. Ahora mismo, los bionanobots se están disolviendo. Podría irse a casa esta misma tarde, pero preferimos que se quede esta noche en un entorno controlado mientras se acostumbra a la nueva situación. En unos minutos lo subiremos a planta.

Jaime se sintió molesto porque el médico lo ignoraba. Quería que hablara con él. Como si fuera telépata, éste se volvió hacia él y siguió hablando.

–¿Se encuentra confuso, verdad? Es lo habitual. Cuando esté en planta me pasaré por su habitación y podrá preguntarme lo que quiera. Pero recuerde, hemos hecho lo que usted quería que hiciéramos. Esperamos que esté contento con el resultado. Nos vemos en un rato.

Con la misma celeridad que había entrado, se dio la vuelta y desapareció. Jaime se dio cuenta que había sido un perfecto monólogo: él no podía hablar aún con la boca seca, pero su hermano no había tenido ninguna oportunidad de meter baza en la conversación. Lo miró y se sonrieron. Seguro que Claudio estaba pensando lo mismo.

Así que una operación de olvido. Eso lo explicaba todo. Sabía que eran operaciones que se hacían rutinariamente desde hacía años y que eran de las pocas que seguían requiriendo anestesia general. Una anestesia muy potente, para que la red neurológica estuviera semiparalizada mientras los bionanobots hacían su trabajo de poda de recuerdos. ¿Qué sería lo que había querido olvidar? Empezó a repasar su vida, pero se encontraba muy cansado. Aliviado por el conocimiento de que no hubiera sido ni una enfermedad ni un accidente, cerró los ojos y cayó en suave duermevela.

***

Las operaciones de olvido eran posibles gracias a dos de los grandes descubrimientos científicos del siglo XXI: el escáner cerebral completo y los bionanobots. Las técnicas de Ingeniería Biomédica habían avanzado en el segundo cuarto de siglo a una velocidad inimaginable unas decadas antes. Los estudios de Langa, Cera y Tononi sobre la conciencia, junto a las nuevas técnicas de imagen médica neurológica de González, Jiménez y King más el estudio de las sinapsis de Valley y Offbread habían conseguido una definición casi molecular del cerebro humano.

Por otro lado, la nanotecnología había conseguido construir sistemas de máquinas moleculares capaces de intervenir las células del cuerpo humano. La aplicación de las mismas a la cirugía revolucionó la medicina: las reparaciones vasculares se convirtieron en una rutina y las células cancerosas se eliminaban sin necesidad de tratamientos agresivos desde mediados de siglo.

Más difícil fue la actuación sobre el cerebro. Sin embargo, a partir de 2070 se pudo detener el deterioro debido al Alzheimer en fase temprana. Cincuenta años más tarde, se podía trabajar sobre recuerdos individuales y sólo era una cuestión de tiempo y de dinero la creación de un protocolo para amputar recuerdos relacionados con una situación, lugar, persona u objeto determinados. Para ello era necesario un estudio previo del escáner cerebral completo usando marcadores de radiofrecuencia, otro tipo de bionanobots. Una vez perfectamente establecidas las sinapsis responsables de los recuerdos, se programaban los bionanobots de poda. Estos eran unas máquinas moleculares con una estructura similar a la de los virus, pero sin capacidad de autoreplicación. Su “código genético” –basado en tetraedros de ARN con los nucleótidos modificados para que no pudieran interactuar con el código humano–sólo contenía las instrucciones de funcionamiento. No podían sobrevivir fuera del cerebro del enfermo para el que habían sido fabricados y se disolvían en unas horas. Se introducían con un nebulizador a través de la nariz y se dirigían directamente a las sinapsis que tenían que cortar y puentear.

Pensados en principio para atenuar o eliminar los traumas de víctimas de violaciones, abusos o secuestros, el mercado encontró pronto un hueco y las operaciones de olvido selectivo se hicieron relativamente frecuentes a partir de 2130. No sin las habituales algaradas por partes de las iglesias, de las sectas y de los movimientos naturalistas.

***

Jaime despertó en otro lugar. La luz era natural y estaba tamizada por unas cortinas de plasteno estampado. La habitación era mucho más agradable. La sequedad de boca había desaparecido. Supuso que había bebido agua sin ser consciente de ello mientras estaba semidormido. Se encontraba lúcido y tranquilo. Miró a su alrededor sin incorporarse. Claudio leía un artículo científico de su especialidad: Metafísica Cuántica. En papel. Un anacronismo de los suyos. Podía distinguir el reverso desde la cama y los inconfundibles gráficos del tema. O quizás fuera Mecánica Cuántica, pero en ese caso Claudio lo estaría consultando en su agenda. Era profesor en la Universidad Politécnica de Sevilla y un gran investigador. Estaba concentrado, con los labios fruncidos, posiblemente atascado en algún párrafo espeso.

No había nadie más. No tenía más parientes ¿POR QUÉ? y era muy posible que los amigos no hubieran recibido autorización para visitarlo tan pronto. O que no fuera hora de visita. ¿Qué hora era? Intentó calcularla por la luz, pero no tenía referencias. Última hora de la mañana o primera de la tarde. No quería interrumpir a Claudio. Éste hizo un gesto de desagrado y pasó página. Levantó los ojos.

–¡Hola!

Jaime sonrió. La presencia de su hermano siempre le tranquilizaba. Era un hombre calmado, alto, cuyo pelo rubio empezaba a clarear y un poco pasado de peso. Tenía unas manos grandes que movía pausada, pero continuamente.

–¿Cómo te encuentras?

–Bien

–¿Qué día es hoy?


“¡Qué pregunta más rara!”, pensó Jaime hasta darse cuenta que su hermano estaba sopesando el alcance de la operación y de la recuperación. Decidió engañarlo.

–Martes 13. Septiembre de 2163.

Claudio dio un respingo. Jaime sonrió ampliamente y los hombros de su hermano se relajaron.

–¡Mamón!

–Jeje. Si sólo he dormido un día, debería ser jueves, 5 de julio de 2164. Lo que no sé es la hora.

Un rápido vistazo a la agenda.

–Es casi la hora élite. Lástima que no podamos tomarnos una cerveza.

–¿Por qué no?

–Es un hospital.

–Pero tendrá cafetería.

–No creo que te dejen levantarte tan rápido, la anestesia, ya sabes...

–Me encuentro perfectamente.

La conversación fue interrumpida por una enfermera bajita que entró sigilosamente. Ambos hermanos la miraron con expectación.

–No me miren así, sólo vengo a comprobar las constantes.

–¿No están telemonitorizadas? –dijo Claudio.

–Por supuesto, pero el prestigio del hospital nos obliga que una enfermera se pase cada hora por las habitaciones. Tranquiliza a los acompañantes.

–¿Puedo tomarme una cervecita? –intervino Jaime.

–¿No prefiere usted un cubata? Servimos unos gintonics extraordinarios en esta planta. –le respondió la enfermera con una amplia sonrisa. –Mejor hable con el médico, es casi la hora de visita.

–Eso haré. –refunfuñó el paciente, mientras Claudio sonreía a la enfermera, que no le perdía ojo.

Jaime asistía divertido a la escena. Su hermano se enamoraba perdidamente todos los meses de la “mujer de su vida” y parecía que iba a intentar empezar una nueva historia. Quiso echarle una mano.

–¿Cómo se llama usted?

–Ángela.

–Como mi madre, –aprovechó el hermano la ocasión –un nombre muy adecuado para una enfermera.

Ángela sonrió. Claudio se quedó mirando su sonrisa, hipnotizado. Luego ella se dio la vuelta y salió de la habitación, mientras la mirada de Claudio la perseguía y Jaime miraba a Claudio, pensando “otra vez”.

Se fue quedando adormecido poco a poco. En duermevela, soñó con playas, budas gigantes y puestas de sol. Una palabra no se le iba de la cabeza: Aomori. Una ciudad japonesa, un puerto al norte de la isla de Honshu cuyo nombre significaba bosque azul. Estaba con alguien, pero no lograba recordar con quién.

Despertó inquieto. “Eso es lo que he querido olvidar”. Recapacitó: “No. He querido olvidar a alguien”.

Lo sobresaltó la entrada de Ángela en la habitación.

–No debería hacer eso todavía.

–¿El qué?

–Intentar recordar lo que ha olvidado.

–¿Cómo sabe que estaba haciendo eso?

–Cinco años en la planta de Bionanoneuro.

–Era una mujer…

–Dicen que siempre es una mujer, pero no es verdad. Si supiera lo que he visto olvidar…

–¿Dónde está Claudio?

–Ha ido a comer, como estaba usted dormido… –respondió Ángela demasiado rápidamente, mientras se sonrojaba.

Jaime sonrió. Al menos iba a estar entretenido con esos dos mientras estuviera en el Hospital. Ángela se acercó a la cabecera de la cama y manipuló brevemente el panel.

–Todo está bien. Seguramente mañana el Doctor Díaz—Moreno le dará el alta.

–Estupendo.

La enfermera sonrió (profesionalmente, pensó Jaime) y salió de la habitación. Jaime intentó dormir, pero los no-recuerdos le tenían obsesionado. Cenas con amigos (tenía amigos y los recordaba: Eva, Rafa, Manolo, Nieves…); viajes (Nueva York, Islandia, Marruecos, Praga…); el apartamento donde vivía sólo en el centro de la ciudad; su trabajo en la Universidad (soy matemático, pensó con alegría recordando satisfacciones pasadas que le había dado la investigación); un piso más grande, cerca del apartamento actual donde había vivido unos años con… ¿con quién?

Los huecos en los recuerdos no dolían. Todo encajaba perfectamente, pero en las escenas que imaginaba parecía haber una sombra en el límite del campo de visión. “Ángela me dijo que no debería hacer esto”, pensó. Pero no podía evitarlo. Buscar el fantasma.

Una mujer, sin duda. Mi mujer. Saboreó la pena que no sabía a qué era debida. Música de tangos muy antiguos. Puestas de sol. Una sensación de culpa indefinida.

Una llamada en la puerta le asustó y le hizo incorporarse. Se mareó un poco. Llevaba mucho tiempo tendido, decidió. Enfocó la vista y vio a dos mujeres aproximadamente de su edad, vestidas con ropas elegantes pero prácticas y baratas. Una de ellas le enseñó una placa.

–¿Jaime Rendón?

–Soy yo. ¿Qué desean?

–Sólo unas preguntas, –dijo la más joven –sabemos que acaba de salir de una operación y no le molestaremos mucho.

–¿De qué se trata?

Se removió inquieto en la cama, un poco azorado por estar con la bata ligera de hospital abierta por detrás delante de dos desconocidas.

–Angustias Toledo.

–No sé de qué me habla, disculpe. Aún estoy confuso por la anestesia.

–¿No se acuerda de Angustias? Fue su mujer durante cuatro años y ayer encontramos su cadáver.






















A mi madre, a quién el olvido le ahorró muchos sufrimientos.

2019-02-18 11:35 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

No es un cuento para este día

Pero debéis leerlo: La valencia prohibida del recuerdo por Celia Corral-Vázquez. Visto en Libros prohibidos

2019-02-14 15:17 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

No por ser bueno en lo tuyo eres incapaz de decir estupideces cuando hablas de otra cosa

Las asignaturas técnicas, las matemáticas, no hacen ninguna falta: cualquier calculadora u ordenador te lo da todo hecho.
Francisco Rico, miembro de la Real Academia
Visto en Curioso pero inútil

2019-02-12 23:21 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

☆☆ Ciertas mujeres parecen ignorar a Scherezade

Ciertas mujeres no soportan mucho tiempo a los poetas,
los aman como ráfagas,
se encienden escolares, casi diría románticas;
en términos de caza puede afirmarse
que son presa fácil de las balas
porque las hipnotiza el reflector sobre los ojos

Aprender a mirar las azoteas,
descubrir angelitos bajo antiguos balcones.
Caminar sin paraguas en la lluvia.
Saber del ojo secreto de los lamas.

Y así, por unos días intiman con Neruda,
escuchan a Vallejo, pronuncian Cardenal, dicen Solentiname.
Pero de pronto (sin dar explicaciones)
la realidad quiebra el hechizo
y prefieren la lógica concreta a las palabras,
a ese feroz amor que pinta soles holandeses,
talla al dios de las cosechas en el jade,
burila el oro de los tequendamas
y las frases escritas en una servilleta de papel
(ramas de sauce de las dedicatorias)
pasan rápidamente a los recuerdos.

Sádicos muchachos de Bretaña
lavan por diversión a las gaviotas
que se alejan confiadas
ignorando que el detergente
las hace sumergibles
y al posarse en aguas de la Mancha
se hunden como el Titanic
golpeado por el Iceberg

Genghis Khan ordenaba desollar al vencido
y los inquisidores hacían gotear
vinagre en las heridas
para que el sufrimiento
perdurase en pobres campesinas
acusadas de brujas
por haber amado un diablo
varias noches



Naturalmente,
estas mujeres
¿prácticas?
por motivos diversos
desconocen la historia real
de Scherezade...
a quién tan sólo
las palabras
salvaron de la muerte.

2019-02-11 11:30 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

Me afilaste la lengua y me calentaste el corazón

Al final, acabé la noche con la gitana más bella que hayas visto jamás. 

Algún día me darán una puñalada en el lado de la zurda.

Por tu culpa.

2019-02-09 18:42 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

☆ Argumentos para asesinar al amor

La muerte es un ente racional, que no racionalizado. θάνατος, pensante y meditabundo, vaga indolente entre neuronas y circuitos integrados. La razón de la muerte es el amor. El amor a la muerte el argumento: θάνατος, desnudo y triste, piensa en sus víctimas –nosotros, sus discípulos– sin amor, con la implacable lógica del tiempo.

El amor es sentimiento en grado elevado de pureza. Εροσ, enmascarado y loco, enemigo de la Madre Muerte –posgenitora de todo lo perdurable–. El amor es la muerte de la Diosa Razón, de las razones y del raciocinio. El campo de batalla es la mente.

Siento dolor en mi cuerpo bajo las pisadas de los guerreros. Sus azagayas se pierden en cuerpos intangibles, hiriendo mis lágrimas. El dolor de la sed que nos lleva a renacer una y otra vez, la sed del deseo, de la existencia y de la inexistencia. El dolor del apego al placer, a las cosas amadas y a la unión con aquello que odiamos1.

El dolor impide el placer y causa el error. El error es confusión y llanto. Pero el placer me pertenece, es mío, mientras que el dolor es en mí. Este me separa y me aleja de él. Exijo el derecho de reivindicar mi placer. Si la causa del dolor es Εροσ, no es necesario quererlo, es preciso asesinarlo.

La ausencia de amor provoca desconcierto, apatía, ojeras y destemplanza. Síndrome de abstinencia. El amor crea hábito. Necesaria una buena dosis todos los días, un picotazo cada madrugada para soñar sin demonios. La eliminación del amor lleva a la enfermedad. Situación de dependencia: cadena, cárcel; castigo por habernos dejado atrapar en los cuentos de hadas, en chistes de chachas y soldados, en la deleznable poesía. Sentencia del vicio a la que el azar nos somete por haber espiado objetos eróticos, robado fetiches, quebrantado tabúes elementales de la imagen. Y la pena obtenida es la privación de la libertad.

Pero cualquiera de mis duendes os dirá que la libertad es tan sacra como todas las joyas de Ζεύς, como el rayo y como los vientos. Ni siquiera Εροσ, ni tan siquiera los dioses pueden insultarla con su presentuosa aquiescencia.

Dependencia y libertad se ensañan en mitológico combate. Cóncavas naves de negras quillas, estatuas de sal y el fuego no son sino máscaras menores de esta épica.

Más aún, la idealización mítica conduce a la belleza, al ideal, a la abstracción del sentimiento. Y el sentimiento es el peor entre los enemigos de θάνατος, nuestro padre, dios y guía, en quien empiezan y terminan todas las cosas que hemos aprendido.

1. Odiar es desamar a conciencia

PostData: Debería pedirte perdón por todas estas palabras, pero cuando las escribí aún no sabía que huirías tan lejos de mí cuando las supieras. Aún no sabía que te amaba.

2019-02-01 12:25 | Categoría: | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

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