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seguramente no serían éstos, pero de JRPS escuché de su boca versos en un banco de una plaza de Cádiz, hará tres o cuatro años, la primera vez, en primavera.
se mezclaban su voz, que dibujaba memorias, los gritos de los niños hirviendo alrededor (el poeta, a veces, detenido ahí en la risa ajena, limpia, tras una pelota, y no en su línea de letras, sonriente) y las urgencias correligionarias de su tertulia llamándole para leerle: apartaba entonces del aire su nombre con un gesto que era un saludo, o un velo corrido, o un reloj cesado, y decía despacio sus últimos versos que, gustosos o no, siempre sabían a regalo.
recogía entonces su cartapacio de poeta, pulcro y ordenado, se despedía de mí y de mis hijos con ojos que reían, o que quizás ardieran, con besos de refilón apurados en la tardanza, y se encaramaba a sus pasos con diligencia propia de pasión incontenible, de la libertad mantenida a ultranza, de días llenos, entonces que no eran los útlimos, con los apuntes felices de una memoria que ahora es también la mía.
un abrazo.
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