Cambalache 3,14 - La vidriera irrespetuosa


Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé.

Hombre preso que mira a su hijo

Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quién se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas
que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos

realmente botija no sabian un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan sólo una palabra aguda
que muerte era tan sólo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula

olvidaban poner el acento en el hombre

la culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y éstos sí
cómo nos ensartaron
con la limpia república verbal
cómo idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros

y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles

uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos

por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos

vos sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio

y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías

y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre

botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides

por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones

todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre

pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar

que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos

y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa

y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar
una cosa es morirse de dolor
y otra cosas morirse de verguenza

por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder

uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere

llorá nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos

gritamos berreamos moqueamos chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse

llorá
pero no olvides

M. Benedetti

2009-05-19 00:14 | Categoría: | 2 han comentado esto | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

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Comentarios

1
De: samuel izquierdo Fecha: 2009-07-20 02:20

Con este poema me has "matao" Zifra. Hacia tiempo que no pasaba por aquí, y no me resisto a copiar/pegar esto que encontré -podía haber puesto el enlace- pero así me aseguro de que lo comparto contigo, disculpa la extensión, pero me siento incapaz de extractarlo:
''Hombre preso que mira a su hijo''

A Mario Benedetti, in memoriam


Debería escribir como él escribió cuando se enteró de la muerte del Ché, “Aquí estamos/ consternados /rabiosos/ aunque esta muerte sea/ uno de los absurdos previsibles.” y continuar parodiándolo cuando rindió homenaje al poeta revolucionario salvadoreño Roque Dalton, decir llegaste a una muerte “que a esta altura no sabrá que hacer con tanta vida” y podría seguir navegando en ese enorme océano de poemas e historias que Mario Benedetti nos entregó. Pertenezco a esa generación que vivió lo que Benedetti escribió: las luchas estudiantiles, el exilio –La Casa y el Ladrillo- Con Benedetti reafirmé el compromiso con aquellos hombres y mujeres que hoy son detenidos desaparecidos, amigos y compañeros desaparecidos. Una madrugada montevideana regresaba de un acto de solidaridad, caminando por la rambla cuando de alguna casa o departamento, a esa hora pre veraniega, de una ventana abierta salió de una radio la voz de Benedetti acompañado por la guitarra del “flaco Viglietti: “Están en algún sitio/ concertados desconcertados/ sordos buscándose/ buscándonos bloqueados por los signos y las dudas contemplando las verjas de las plazas los timbres de las puertas/ las viejas azoteas ordenando sus sueños sus olvidos quizá convalecientes de su muerte privada/ nadie les ha explicado con certeza si ya se fueron o si no si son pancartas o temblores sobrevivientes o responsos…” En esa cálida y húmeda madrugada, parecida a las de La Habana, escuchar esas palabras me estremecieron entero. Mario Benedetti nos acompañó y ayudó a llevar el ladrillo para mostrar al mundo como era nuestra casa, caminando por calles de ciudades hospitalarias y otras ajenas a nuestra infancia. Con Benedetti aprendimos a descifrar los códigos del desexilio pues no encontramos en diccionario alguno, salvo el diccionario de la vida y el de los antiguos republicanos españoles, lo que aquella palabra podía significar. Recurrí a “Táctica y Estrategia” tantas veces amé y así mismo “La Culpa es de Uno” fue el mejor refugio para soportar las penas del desamor: “creo que tenés razón/ la culpa es de uno cuando no enamora/ y no de los pretextos/ ni del tiempo” A veces me distanciaba de su poesía, sin embargo volvía a ella como quien regresa a esos lugares donde lo quieren, lo comprenden y aman. Mario Benedetti fue un buen amigo y un buen compañero. Consecuente y solidario jamás olvidó a aquellos que lucharon ¿Qué calle de Chile lleva el nombre de Miguel Enríquez, Carlos Contreras Maluje o Carlos Lorca? En su poema “Zelmar” nos enseña que el recuerdo va unido al compañerismo y solidaridad: “Ya van días y noches que pienso pobre flaco y no puedo ni quiero apartar el recuerdo no el subido al cajón a la tribuna con su palabra de espiral velocísima que blindaba los pregones del pueblo o encendía el futuro con unas pocas brasas.” Y lo mismo encontramos en “Muerte de Soledad Barnet”: “ahora acribillaron en Recife tus veintisiete años de amor templado y pena clandestina quizá nunca se sepa cómo ni por qué los cables dicen que te resististe y no habrá más remedio que creerlo porque lo cierto es que te resistías con sólo colocárteles enfrente.” Mario Benedetti escribió un poema que yo eludía. Ese poema lo hizo canción Pablo Milanés y le escuché contar al propio Pablo que cantar ese poema a él lo ponía muy mal, pero lo cantaba igual por lo que significaba. Por mi parte lo eludía porque -tal vez- me sentía parte de ese poema. Cuando tendría unos 10 u 11 años, en los inicios de la Dictadura, mi padre fue detenido por un comando de civiles armados y luego de estar varios días secuestrado lo entregaron, casi agonizando, a la Cárcel Pública de Curicó. Crecí visitándolo los días martes, jueves y Domingos. Y ahí estaba mi padre esperándonos junto a sus compañeros de prisión, que también esperaban a sus familiares. A veces nos tenía un regalo: un camión de madera, construido por sus manos y otras veces la figura de un ave tallada. Muchas veces conversaba con mi padre por lo que estaba pasando, las más callaba y lloraba en silencio, otras veía a los hijos de otros presos políticos como sus pequeños hijos, con sus ojos redondos miraban hipnotizados las llagas hinchazones y heridas y con el tiempo fui reconciliándome con ese poema “ y por eso ahora me podés preguntar y sobre todo puedo yo responder uno no siempre hace lo que quiere pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere/ llorá nomás botija son macanas que los hombres no lloran porque es mejorar llorar que traicionar porque es mejor llorar que traicionarse llorá pero no olvides.” Hoy que soy padre, que hemos conquistado una democracia a medias, este poema se ha convertido en un poema rector, pues no necesariamente se puede estar preso en cárceles o por dictaduras, sino que también se puede estar preso cuando no se lucha o se deja de luchar por lo que uno quiere.

Mario Benedetti ha muerto un Domingo en Montevideo. Tal vez era una muerte anunciada por sus 88 años y una que otra dolencia propia de la edad, porque sabemos, aunque nos pasemos una vida ignorándolo, que el cuerpo muere. Pero a medida que pasan las horas se comienza a notar su ausencia. Sus poemas, sus cuentos, sus asertivas frases en un mundo de dudas y más que nada porque somos hijos de la generación que él recogió en su literatura su presencia será permanente.

Mayo, comienzos de Invierno del 2009.-

Rodrigo De Los Reyes Recabarren

Un saludo



2
De: Jhony Alvarez Fecha: 2015-02-25 06:04

Alguien conoce al señor Samuel Izquierdo, si, sí solicito mas informacion sobre el.



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