Cambalache 3,14 - La vidriera irrespetuosa


Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé.

La Universidad Pública Española (UPE): 8 años de vacaciones

Os traigo una reflexión de Francisco J. González Vázquez, autodefinido como Observador universitario offside que comparto en muchos de sus puntos y que da qué pensar.
Las cúpulas y colectivos de la UPE llevamos 8 años de vacaciones.

8 años ignorando la actual crisis.

Y lo que es peor para los universitarios, estudiantes o empleados: 8 años mostrando un absoluto desinterés por la mejora de la UPE, por impulsar estudios sobre su situación, por impulsar reformas.

Seguimos, lo mismo que hace 8 años con:
  • las mismas ofertas de formación sin estudios sobre la demanda;
  • las mismas modalidades y métodos de formación;
  • la misma organización artesanal y minifundista de la investigación universitaria;
  • la misma gestión amateur de la universidad;
  • la misma falta de seguimiento y atención a los estudiantes;
  • la misma falta de estudios sobre la calidad de los resultados;
  • las mismas relaciones autistas con el entorno;
  • las mismas relaciones universitarias con el resto de Europa prácticamente reducidas al Erasmus;
  • las mismas políticas a ciegas de desarrollo, de personal, de centros y de titulaciones;
  • la misma opacidad en la dotación y provisión de plazas docentes y no docentes.
De Europa hemos copiado los formularios, encuestas e informes rutinarios. Prácticamente no sirven para nada: No tiene importancia, es para que no digan.

A pesar de los peligros imaginarios que ven algunos, no pasa nada: Hemos conseguido inventar Bolonia sin Bolonia, Bolonia sin Europa.

Todo esto lo hacemos olvidando que la Universidad Pública es frágil.

Es frágil por dos motivos:
  • En primer lugar, a diferencia de otros países que muestran un respeto por lo público, aquí combinamos una alta demanda de empleo público, incluso recurriendo a prácticas no mal vistas como el enchufismo y la prevaricación, con el desprecio por las instituciones, hasta por las que nos dan de comer.

    No es raro ver a funcionarios denigrando a la Administración o a docentes de la pública enviando a sus hijos a la privada. Un número significativo de nuestros altos funcionarios están de paso en el sector público, deseosos de dar el salto al privado, haciendo méritos para que los privados los acojan como uno de los suyos.


  • En segundo lugar, por el acoso financiero, ávido de nuevas áreas de negocio o de apropiarse de otras. En el caso de nuestro país representado por liberales de la empresa subvencionada, del concurso amañado, del fraude fiscal, de los pagos en B y del pelotazo; liberales de la enseñanza catequística y segregada. Liberales encabezados paradójicamente por altos funcionarios tales como Cospedal Santamaría Rajoy y Aznar.


Hay dos factores que explican en parte la actual situación de la UPE.
  • Uno, el persistente deseo de promoción social de las clases medias españolas desde los años 60 concretado en la demanda de un título superior para sus hijos. Esto ha sembrado España de centros públicos de enseñanza superior sin más criterio que las relaciones de fuerza entre las diversas poblaciones y autonomías y con resultados (a falta de estudios) posiblemente similares a los que han producido aeropuertos sin aviones, líneas de AVE sin pasajeros, autopistas sin vehículos, museos sin visitantes, polideportivos, paseos marítimos, etc.

  • Otro factor: el tradicional Espíritu Placero de los docentes públicos. Para esta concepción una universidad pública es como un mercado municipal. Cada docente tiene su puesto en el mercado y sus obligaciones terminan en él: en que su mercancía particular, pollos, lechugas o pijotas esté fresca y bien presentada. Tampoco se necesita mucha innovación, porque los puestos suelen ser de mercancía fija. (El que quiera innovación que vaya al supermercado o al bazar chino). Los clientes se ocupan de ellos mismos. Y del mercado, el Ayuntamiento. Eso sí tienen una asociación de placeros que hace todo lo posible para que los puestos vacantes queden en manos conocidas y no en foráneas. En el caso de la UPE, todavía mejor porque como placeros no tenemos que ocuparnos de los ingresos: los tenemos garantizados, también nos paga nuestro Ayuntamiento.

    Hay entre nosotros gentes que creen que nuestro Espíritu Placero es, en tanto que tradicional, entrañable, incluyendo sus características también tradicionales tales como la existencia de una nebulosa aristocracia placera a modo de gobierno en la sombra, la sucesión monárquica en la presidencia de la junta de placeros, las adjudicaciones caseras de puestos, los juegos administrativos opacos, etc.
Al estilo Mariano, abundan entre nosotros los que creen que la UPE no tiene por qué cambiar. Que eso de mejor formación, más investigación, más tecnología, mejor gestión, más Europa son simples consignas que no nos afectan.

Esta idea tiene dos puntos débiles: los poderosos enemigos externos de la UPE y la posible desilusión del público, muy crítico recientemente con el funcionamiento de las instituciones públicas. Esta desilusión es muy fácil de excitar como se ha visto en las luchas de años pasados de funcionarios, enseñantes y sanitarios.

Resumen: la UPE es frágil y está en una situación de riesgo.

En mi opinión la Enseñanza Superior y la Investigación en España necesitan urgentemente:
  • Una Auditoría, que cristalice en un banco de datos público y en un Libro Blanco;
  • Un debate público sobre la base anterior;
  • Propuestas de los grupos políticos y de otros grupos ciudadanos;
  • Un plan de reforma de nuestra Universidad pública, consensuado.
Naturalmente, me refiero para empezar, a una auditoría en profundidad e independiente: hay otras, pero no son auditorías. Es decir un análisis por especialistas acreditados españoles y foráneos. No de nuevos informes igualmente amateurs de "grupos de sabios", personas muy estimables en campos particulares y que puntualmente pueden hacer observaciones muy pertinentes, pero que nunca se han dedicado profesionalmente a analizar el funcionamiento de todo un sistema educativo, como es el caso.

Y cuando digo consensuado, quiero decir consensuado.

Si este proceso tuviera éxito podría emplearse la fórmula para abordar otras cuestiones igualmente candentes que tenemos como país.

Saludos en Wilhelm von Humboldt, fundador de la Universidad moderna.

2015-04-14 14:16 | Categoría: | 0 han comentado esto | Enlace permanente | Etiquetas: | Y dicen por ahí

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